Europa, ¿hacia dónde vamos…?
Toc, toc, ¿hay alguien al mando? nos preguntamos algunas veces
Unión Europea es un lugar donde todos hablan mucho, pero muy pocos actúan, o al menos en tiempo en forma, con alguna excepción digna de señalar cómo ha sido el tratamiento de la covid, con la centralización de las vacunas y sobre todo el apoyo a los estados más perjudicados.
Ahora bien, si se trata de temas sociales, siempre se dejan para después. Si hablamos de política exterior, cada país sigue su propio camino. Si nos referimos a la política de defensa, todos están de acuerdo en la teoría, pero nadie quiere enfrentar el dilema de Trump.
Cuando hablamos de la defensa de la Unión Europea una se pregunta ¿tiene sentido la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) cuando su principal miembro desafía a los demás? Hungría es menos fiable que un zorro en un gallinero.
Y, aun con todos estos problemas, la Unión Europea sigue siendo imprescindible. Gracias a ella, el nivel de vida en la región es uno de los más altos del planeta. Sin embargo, hay mucho margen de mejora: menos chovinismo, menos nacionalismo rancio, menos egoísmo, en la propia democracia interna de la Unión en mucho lo que se puede avanzar, así como en la cesión de competencias de los Estados a la misma, si se quiere avanzar en eso mismo lo que tiene el nombre de Unión. Con 27 ministros de asuntos exteriores, con intereses tan diferentes y tantos recelos entre el norte y el sur.
Por si falta poco, las principales potencias europeas están “hechas unos zorros” atraviesan un periodo de gran inestabilidad política, social y económica:
Francia: Macron intenta liderar la defensa de Europa, pero se enfrenta a serios problemas internos. Con un parlamento profundamente dividido y una extrema derecha en ascenso, su margen de maniobra es limitado, y donde el europeísmo va perdiendo apoyos.
Alemania: La que fue la locomotora económica de Europa ahora parece un lastre. Su dependencia del gas ruso le ha hecho un auténtico roto, la crisis energética y el enorme incremento del gasto en defensa la colocan en una situación comprometida. por no hablar del avance de la extrema derecha, que si en algún sitio levanta ampollas, en Alemania abre heridos muy profundas.
Italia: Bajo el liderazgo de Meloni, es la más estable de las grandes naciones europeas, pero también la menos fiable debido a sus lazos con Trump y sus posturas radicales por la derecha. Aunque el ejercicio del poder parece que la ha moderado, sigue generando recelos
España: Aunque la macroeconomía va bien, la economía que impacta directamente a los ciudadanos genera dudas. Además, la inestabilidad política es un problema constante, ya que el gobierno depende de pequeños partidos con prioridades distintas a las que indica la Unión Europea. Donde los que están de acuerdo en Europa en España se pegan puñaladas siguiendo la tradición de buen español y mucho español.
Vamos que, demasiados cojos para una carrera, demasiadas debilidades para mostrar tanta fuerza
Cuando los problemas han surgido, nos han encontrado silbando, sin haber hecho los deberes: sin política exterior, sin política de defensa, sin ejército y sin unidad, pero siempre nos queda la bandera con las estrellas de los 27 y, esas experiencias positivas a las que nos podemos agarrar. Uno siempre se acuerda de aquella frase, que “si en Europa hace frío, pero fuera de Unión Europa mucho más”.
Es cierto, que en el momento que Estados Unidos nos ha quitado su manto protector, nos hemos dado cuenta que estábamos mucho más desnudos de lo que creíamos, pero ahora también sentimos ese frío, y en norte parece además del frío parece que el miedo y la seguridad es mucho más.
La unión hace la fuerza, pero que no nos traten como a menores, cambiando de nombre la realidad.
Dónde estamos en OTAN no, bases fuera, No a la guerra o, rearme no, seguridad si…
Quizás nos debemos preguntar: ¿el dilema es seguridad o servicios sociales? y ¿hacia dónde caminamos?, ¿hacia dónde nos llevan?